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Inicio del Ajedrez en Monte Grande según el Dr. Mario Dreyer

Este relato será incompleto, pues es muy personal y además es difícil el recuerdo de episodios ocurridos hace muchos años.
El gran animador y pionero del ajedrez en Monte Grande fue Don ANTONIO ROSSELL, relojero, posiblemente miope, pues llevaba anteojos muy gruesos, era muy flaco, tenía pómulos salientes, era un hombre educado y de trato amable, y además ajedrecista de la primera hora. Fue figura muy querida y recordada al igual que Don CARLOS SCAGLIA y Don LEOPOLDO MANUCCI, fotógrafo. Hubo algún otro jugador cuyo recuerdo se perdió en el tiempo.

El primer Torneo

Fue organizado por ROSSELL y se llevo a cabo en 1927 en la confitería de la Señora de MONDEJO y sus 2 hijas. Participaron 14 ajedrecistas, recuerdo al Sr. RIVERA, al Sr. SAVIO, Don ROBERTO HOERTH, Don ALBINI CHINIVASSI y los vecinos nombrados anteriormente. Gano el torneo mi hermano, PEDRO RUBEN DREYER, el más joven de los participantes, era el único de pantalon corto, moda que se utilizaba en aquella época, 2º fue el Sr. Rivera y 3º, yo, todos separados por medio punto.

La Copa Estímulo

Los ajedrecistas de la época no podían creer que un adolescente fuera el campeón. El más incrédulo era el Sr. Rivera, y a manera de revancha se disputo la Copa Estímulo en 1929. Rivera era un hombre apasionado, pertenecía al gremio de los panaderos, en el que la mayoría de los integrantes eran anarquistas. Cuando llegaba a jugar, lo primero que hacia era colocar el revolver encima de la mesa, no sé si a manera de librarse de tan pesada carga o como intimidación. Si este era su propósito no lo logró, la copa instituida como premio la gané yo y a Rivera le correspondió el 2º puesto. Finalizada la jornada ajedrecistica se retiraba a Banfield para participar de la reunión de comisión de panaderos. Este torneo se realizó en la sede del club Esteban Echeverría, que tenía su secretaría en la calle Robertson 35 (que luego ocuparía la escuela Nº 6 Juan B. Alberdi). De allí se trasladó a la calle Ameghino, posteriormente desde los años 30 el torneo se jugó anualmente, primero en el club Echeverría y posteriormente en la Biblioteca Bernardino Rivadavia, casi desde su fundación en 1934. Antes del traslado, un campeonato se jugo en el club E. Echeverría, participaron los de siempre: DREYER (2), SCAGLIA (padre), MANUCCI Leopoldo, CARMONA Emilio y un odontólogo recién llegado, el Dr. ROMA. En la partida individual me ganó pero Don Carlos Scaglia que estaba en el 4º o 5º puesto le ganó, al final empatamos el primer puesto. En el desempate gané yo y con ello el torneo. Mi adversario era muy caballeresco, finalizada la partida me dijo: "Tengo que celebrar su triunfo y le invito a tomar una copa", concurrimos al afamado Restaurante Alvarez que hizo época en Monte Grande, estaba situado en Alem 399, esq. Mariano Acosta. Como ya se habían hecho las 2 de la mañana, mis padres estaban alarmados, se levantaron, el club estaba cerrado y, con mucha inquietud, llegaron hasta el bar. Allí me localizaron disfrutando de mi chopp.
La actividades del club E. Echeverría estaban presididas por un hombre muy activo el Sr. CESAR FASOLI; el y su hermano José conseguían los mejores equipos que domingo a domingo se disputaban los partidos de fútbol, única diversión de los días domingos. En la 2ª categoría se organizo una competencia que ganó precisamente Cesar Fasoli no obstante participar un fuerte jugador, Don ADOLFO TEICHER, hombre culto, alto, rubio, de trato afable y simpática presencia.

En la Biblioteca

Cuando abrió sus puertas ofreció su sede, era un lugar más adecuado para la práctica de nuestro juego. Se realizaron varias actividades, anualmente se organizaba el campeonato, tenía como protagonistas a los Dreyer, al Dr. REBAGLIATI, Don Rosario RUGLIESI, el Sr. GERBICH, como los mejores 5 tableros. En un plano apenas inferior participaban Don Julio KOYLE, Hector MARTINELLI, Guillermo MUÑIZ, el Sr. GONZALEZ, solterón empedernido a quien a falta de otra diversión todas las semanas le daban una despedida de soltero. Completaban la lista los señores Eloy MAGLIOLO, Roberto HOERTH, Albini CHINIVASSI y otros.
El éxito me acompaño muchas veces, había leído al extraordinario E. Lasker, campeón mundial de Ajedrez, durante muchos años. Leí el librito de Reti de ataques sobre el enroque, también me documente en aperturas y finales, el valor que tenían las piezas según su grado de movilidad, etc. Allí radicaba mi leve superioridad: mis adversarios jugaban peor que yo.

Gran paliza

En Vicente Casares vivía un destacado jugador de ajedrez, el Sr. Jesús Guiben. Comenzamos un match a cuatro partidas, me ganó tres. El match estaba definido y no tenía sentido jugar la cuarta. En esa época por exceso de trabajo yo estaba muy tensionado. Años después me enteré de una chismografía a la cuál era ajeno, se habían formado dos bandos, Monte Grande defendiendomé y Vicente Casares adorando a su ídolo: Adonde nos llevan los de afuera.

Los matches interclubes

El ajedrez adquirió un gran auge y se formalizaron Matches con equipos de pueblos vecinos como Banfield, y El Fogón de Mármol. El ajedrez debe ser la expresión de la caballerosidad y recordaré un episodio que pasó con el equipo de Banfield. Yo con un trabajo profesional impresionante, llegué retrasado a la cita. Era un sábado a la tarde. El Mach era a diez tableros, cuándo llegué los visitantes habían ganado en nueve, el resultado era irreversible y dije que no valía la pena jugar. Mi oponente era el 1er. Tablero, había militado en 2ª categoría e insistía en jugar (se relamía con el 10-0) y por allí me fue bien y mi adversario se dió cuenta que podía perder. Empezó a despotricar y repetir: "esta partida es tablas". No me dejaba pensar, y tuve que pararle violentamente el carro, y al final le gané la partida y se salvó el honor del equipo.
Los campeonatos interclubes se jugaban anualmente, formaban los equipos, 4 o 5 tableros por bando. Participaron además de la biblioteca, el club Atlético, el club Social Monte Grande, el equipo de Transradio Internacional, que tenían un gran entusiasmo aunque nunca ganaron ningún torneo. En general siempre nos fue bastante bien . De esos Matches tengo un recuerdo que me prestó un gran servicio. En la partida entre Biblioteca y Club Social, en este equipo ocupaba el primer tablero el señor REPETTO, fuerte jugador y hombre muy caballeresco. La partida oficial terminó tablas. Como era temprano decidimos jugar una partida que gané. Como buen caballero le di la revancha y me ganó, en paz.
Llegué a mi casa a las tres de la mañana. Mi hijo en esos momentos apenas tuvo un golpe de tos, dí una vuelta y a los dos minutos el chico tenía una intensa fatiga con un ahogo, se había desarrollado un impresionante falso crup o laringitis estridulosa, que es un episodio dramático. Allí trabajamos todos los familiares, mi mujer, mi hermano, mi madre, después de un buen rato Marito comenzó a aliviarse. Es el caso preguntarse ¿si no hubiéramos tomado tan a tiempo el episodio que pudo haber pasado?, mi hijo, cuándo chico era muy perseguido por estos episodios, el Falso Crup es producido por una bacteria o un virus, contagioso porque aparecía por epidemias. Situación dramática porque en cuestión de segundo se va cerrando la laringe y junto con una tos perruna, el edema de las cuerdas vocales cierra las vía respiratoria dificultando la entrada y salida de aire. Poco fallecen, pero se dió el caso que el único caso fatal que registramos ocurrió frente a nuestra casa, en Rodríguez 361. El día del velorio tuvo un falso crup, Susana, mi sobrina -Rodríguez 379- y el día del entierro lo padeció Marito. En esa época vivíamos en la esquina, Rodríguez 391. Cuando construimos nuestra casa (corría 1950) era tal el terror que le teníamos a estos episodios que entre nuestro dormitorio y el de las chicas pusimos una puerta, es decir una comunicación para estar atentos a la menor manifestación.

El cisma en el ajedrez

Increíblemente ocurrió algo insólito, la subcomisión de ajedrez de la biblioteca dispuso que yo pasara a integrar el elenco del Club Atlético Monte Grande, jamás se registró un pase tan barato, que resultó caro, pues todos mis amigos me siguieron. Así se consolidó la practica del juego ciencia en el Club Atlético Monte Grande. La subcomisión del CAMG escuchó mi consejo y se instituyó como premio para el ganador un juego de ajedrez, que luego era donado a la institución, que paulatinamente acrecentó su acervo patrimonial.
La biblioteca Bernardino Rivadavia, que era el lugar más adecuado, anualmente organizaba un campeonato y se constituyeron equipos con cinco tableros que integraban Manuel Rebagliati, Don Rosario Perghiosi, el Sr. Gerbich y los hermanos Dreyer. Era un equipo muy parejo y se disputaban con otros radicados en la zona, Club Social, Transradio Internacional, el Atlético, y representantes de barriadas, etc. Era difícil ganarle al equipo de la biblioteca. Cuándo sucedió lo ya comentado de mi pase al Club Atlético de parte de la subcomisión de la biblioteca, arrastré al resto de los participantes hacia Atlético. En este último, ese fue el origen, tuvo varias subcomisiones, muy trabajadoras y rápidamente se incrementó el número de adeptos. Yo actué hasta el año 1951, en que perdí el ultimo campeonato. Mi gran mundo lo constituyó el gran juego ciencia, que obliga al cultor a pensar, a profundizar conocimientos y las ideas, en una palabra, contribuye al desarrollo mental y espiritual de quien lo practica.
Con el trabajo ímprobo profesional activo, tuve que abandonar la práctica, pero con la convicción de las bondades que intrínsecamente tiene el ajedrez, instituí un premio, la Copa Dreyer, que tuvo una organización adecuada, pues se adjudicaba el trofeo quien ganara el torneo en tres años consecutivos o cinco alternados. Cada edición duraba entre 9 y 10 años. Se llevan disputadas tres ediciones y cada año despierta un mayor entusiasmo y más adeptos. Es interesante la concurrencia de chicos y adolescentes que ya han saboreado el éxito del triunfo. Es justo señalar que ese galardón se debe a quiénes integraron las subcomisiones, que será interesantes recordarlas, indiscutiblemente un nombre resalta con caracteres netos: el Sr. Gruinski. Queda a los jóvenes proseguir la historia iniciada.

Los maestros que visitarion Monte Grande

Varios maestros nos visitaron y jugaban partidas simultaneas. Si mal no recuerdo el primero fue Juan ILLIUSCAS, maestro caballeresco, hombre culto, había leído mucho y era un agrado conversar con él. Creo que nos barrio a todos, yo perdí también.
Después hacia 1937 vino Roberto GRAU, varias veces campeón argentino y representaba al país en el primer tablero. Varios maestros además del citado hacían giras para juntar fondos para poder realizar el campeonato mundial de 1939. Ya comenzaba la guerra. Con estas giras los maestros argentinos se agotaron y su desempeño no fue tan brillante como en los campeonatos anteriores que le dieron a la argentina mucho prestigio. En la partida con GRAU, el maestro me hizo entrar en una celada en la apertura y me gano fácil. Cinco pesos costo la inscripción en el torneo, pero...!que bien gastados!!! Pues cuanto provecho saque, pues fueron muchos los que cayeron en la celada de la apertura. Algo no me gusto, era que taconeaba y perturbaba el silencio que debe reinar en un ambiente ajedrecista.
En ese torneo la argentina salió favorecida porque debido a la segunda guerra mundial muchos jugadores, maestros, se afincaron en nuestro país, uno de ellos MIGUEL NAJDORF, el gran maestro a quien debemos los argentinos las enseñanzas que dejó. A su amparo se formaron las nuevas generaciones. A través de 50 años es muy grande la cátedra que dejo, pues todavía juega y hasta hace un lúcido papel en torneos importantes. Dos veces concurrió a Monte Grande. Jugaba partidas simultaneas y 2 tableros a ciegas, uno de ellos lo ocupe yo. Me hizo un ataque avasallador y me gano fácil. El maestro confesó que él sólo prestaba atención a los tableros a ciegas, pues suponía que eran los mejores jugadores. Creo que se jugó en la biblioteca, el otro tablero lo ocupo el Dr. Mantegani, de Lomas de Zamora. Como en el caso de GRAU, algo no me gustó, cuándo se paraba frente al tablero que seguía, golpeaba con ambos talones y el clima no era de silencio.
La segunda vez que vino se jugó en el club Esteban Echeverría. En la partida cometió un gran error, puso la dama al alcance de mi caballo. Abandono inmediatamente. Recibí una medalla como recuerdo. Esa noche mi hermano le hizo tablas: en el final tenía la ventaja de un peón y quedo frente al gran maestro que, con su modo prepotente le dijo a mi hermano: "¿ me va a ganar?", a lo que Chiche respondió: "Eso tiene que decirlo Ud". Entonces explicó porque era tablas. Esa noche no pude disfrutar del ágape postpartido. A un paciente que vivía en Buenos Aires se le ocurrió que esa misma noche tenia que verlo y a las doce de la noche tuve que partir. Me privé de una interesante reunión.
Najdorf había realizado poco tiempo antes la hazaña de jugar 43 partidas a ciegas, ganando 39, una tablas y perdiendo tres. Creo que ese esfuerzo mental lo agotó, pues era candidato a campeón mundial y desde entonces su juego declinó.
Como expliqué, NAJDORF vino a la Argentina en 1939 representando a Polonia, jugó en el 2º tablero; en realidad ya era el campeón pero no se podía desplazar del 1º tablero a Savieli TARTAKOWER, uno de los ajedrecistas de gran prestigio mundial. NAJDORF en el 2º tablero hizo tabla rasa con sus adversarios y acumuló muchos puntos para Polonia.

Otros visitantes

Jacobo BOLBOCHAN hombre vehemente, de gran amor propio, también llegó a ocupar el primer plano del ajedrez argentino. Llegó a Monte grande al Club Atlético. En la partida individual trató de sacarme de las líneas clásicas, hizo algunas jugadas para desorientarme y quedo inferior en la apertura, situación que aproveche bien, paulatinamente incline la partida a mi favor, le dí mate en medio del tablero, no lo podía creer. Enseguida dijo: tenemos que volver a enfrentarnos, tiene que darme la revancha. Lo acompaño a la estación a tomar el tren, en el camino repite el rosario, que seguía cuando subió al tren y desde la plataforma del ultimo vagón; a la cantilena agregaba el gesto agresivo con la mano derecha que queria pegarme.
En una época, el Club Atlético lo contrata como maestro para que impartiera clases de ajedrez. Además de sus conocimientos agregaba otra cualidad, la didactica.
Debe destacarse la labor realizada por el Sr. Manuel Rebagliati, gran cultor y apasionado ajedrecista. Lo iba a buscar en auto y a altas horas de la noche lo llevaba de vuelta.
Otro visitante inolvidable, Don Julio Bolbochan, hombre culto, caballero, trato cordial, en una simultanea a su cargo nos enfrentamos. En determinado momento no tenía ningun plan pero recordaba que un gran jugador "Kasdan" (americano) en una partida jugo P5AD (c5). El diario "La Prensa", en su reproducción había marcado como excelente con dos signos de admiración. Yo seguía mucho las partidas que reproducia La Prensa y La Nación. Al no tener plan le hice a Bolbochan la jugada P5AD. Para mi fuero interno, pensé "es un golpe sicologico" pues no iba a saber si estaba frente a un grueso error o era un buen jugador.Sse quedó pensando, observé su rostro de preocupación y despacio me ganó. Cuando finalizó la ronda de partidas se me acercó y me dijo: "usted me hizo mucha fuerza, ¿se puede saber que se proponía con la jugada P5AD?". Me empecé a reir: "fue un golpe psicologico, pues usted iba a dudar si estaba frente a un chambón o frente a un buen jugador", y le conté el episodio de Kasdan. Me respondió: "¿la verdad? es que consiguio su proposito, pues me dejo pensando".

Ultimo torneo

El último torneo en el que participé se llevó a cabo en el Atlético en 1951. Tenía un trabajo médico abrumador. Ademas diariamente concurría al hospital de Clínicas y, entre estadía y viajes pasaban muchas horas. Como era el campeon del año anterior, tenía que poner en juego el titulo, dar la revancha. Jugué muy mal, perdí partidas increibles y gane otras. Un día me toco jugar con Don Rosario Pugliesi, gran amigo, todos los sabados a la noche venia a cenar y despues jugabamos al ajedrez, eramos de fuerzas parejas. Pero a mi vida le atormentaba un drama. Tenia desde hacia unos dias en asistencia a una niña de doce años (de un empleado de la CADE). Un día la voy a ver, era una chica lúcida y no respondió con coherencia mis preguntas, demoraba mucho , y yo tenía que abreviar el tiempo pues a la noche tenía que jugar al ajedrez. La tomé del hombro izquierdo y le dije: "No te hagas la tonta, contestame lo que te pregunto". El examen clínico era negativo. Al día siguiente, al volver a verla se le habían paralizado los cuatro miembros. Estaba el día anterior en incubación de una encefalitis de una paralisis infantil. Gran disgusto, por supuesto que no la había maltratado pero lo que tenía ante mi vista era espantoso. En los días siguientes dió una paralisis intestinal que se fue agravando. La interne en el hospital, lo llame -en consulta- a mi hermano y llegamos a la conclusión que no habia nada que hacer. Parecía el abdomen una enorme pelota, de la que salian cuatro patitas. Esa noche me tocaba jugar con Rosario, hombre cultisimo, excelente amigo. Mis hijos decian que era el novio de mi casa. Mi cabeza no estaba en el tablero, mi imaginación se habia trasladado al drama que vivia. Esa partida debió haber durado por lo menos una hora y media. A la media hora estabamos en el final y liquidado: torre y rey contra 5 peones que tenia don Rosario y yo solamente 3. Pero al observar el tablero vi que tenia la torre mal colocada y que si simplificaba el juego podia jaquear al rey y torre. No era para pensar si la combinación estaba bien o mal. Lo importante era jugar rápido. El final fue un ping-pong, don Rosario cayó en la celada, le comí la torre y le gané la partida. A las 3 de la mañana le dije a mi hermano: ¿No has visto lo que pasó?. Estaba perdido y gané. ¡Vamos a ver a la chica! . El se retiró a las cuatro, yo me quedé hasta las seis haciendolé masajes en el vientre sin ningún resultado. Me retiré desilusionado. A las 7:50 sonó el telefono. Pensé "malas noticias", pero por el contrario, me comunicaban que había movido el vientre y había mejorado ostensiblemente. Se salvó, poco a poco recuperó la movilidad de sus cuatro miembros, le quedó como secuela la luxación recidinante del hombro izquierdo. La familia que vivia en Guillón -en una quinta- se trasladó a la Capital. Como agradecimiento me regalaron una perra doberman bravisima que no quería ni al que le daba de comer. En cuanto pude me deshice de ella. A pesar de lo mal que había jugado, llegué a la última ronda empatando el 1er. puesto. A medio punto nos seguian dos participantes.

En el próximo número la última partida (y fin de las memorias del Dr. Dreyer).

 

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