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Biografía de Héctor Ponzo (padre)Héctor Rodolfo Ponzo (padre) 11/5/1923 - 14/10/1983, nacido en la simpleza del campo, fue tan solo unos años a la escuela primaria pues su deseo y la necesidad lo llevaron a un taller a aprender el oficio que le permitió trabajar y ser el sustento de su familia. A pesar de su poca escolaridad fue demasiado sabio. Hablaba como un maestro, aconsejando desde la experiencia de la vida y la sabiduría de los grandes que saben escuchar antes de hablar. Fue el mejor arquitecto que sin paredes construyó un espacio gigante donde albergó a todo el que lo necesitó. Lo poco que tenía lo brindaba aunque en ello fuera a quedarse sin nada logrando como pago la mano agradecida. Muchos animalitos lo rodearon ya que los recogía de la calle, los curaba alimentaba (después pretendía que se vayan, ¡eran animalitos pero no eran tontos¡). Sus amigos compartieron horas de amable charla, mates por medio, un café con leche, o el más sabroso de los asados. También las interminables horas de ajedrez que al finalizar comprometía a un próximo encuentro, invitación a otros amigos y a sus familias, que hacía que la lista de amigos jamás finalizara, cada vez era más grande, ya que en esos años lo más importante para un hombre sencillo era poder compartir una mesa con quienes apreciaba. Excelente escucha, sabía orientar, dar el consejo que si no era el justo, al menos obligaba a pensar un poco más y guiar a una solución adecuada. Madrugador acérrimo, un as trabajando ante el yunque y la fragua que tantas horas compartieron entre golpe y golpe de martillo, menos los ratitos de la siesta que para él era sagrada. Sus manos callosas por heridas y quemaduras de esos hierros al rojo vivo, al que le daba las formas menos pensadas sabían igualmente dar las mejores caricias. A pesar de sus pocos ingresos trabajo junto a su esposa para brindar estudios a sus hijos que les permitió a una ser maestra, doctora la otra y legó su profesión a su único hijo varón. Bailarín de primera: tango y paso doble sus preferidos para él y su esposa. Gran asador según sus compañeros de juego, de trabajo, amigos y familiares: si hasta el Club Atlético Monte Grande lo sorprendió en su sede preparando asados gigantes, tan gigantes que utilizaron una cancha para cocinar para tanta gente. Jugando al ajedrez y ganando representando al club, ni siquiera llevaba sus premios ya que copas, medallas o cualquier distinción las daba, pues para él eran del Club. Supo acompañar a cada uno que lo necesitara y pasarla muy bien con quien deseara charlar un rato. Ratos que se hacían interminables, con sus dichos, anécdotas, cuentos de campo o correrías personales y todo lo que sea estar con todos. La palabra para él era el pagaré mas seguro y hombre de palabra sobre todo. El ya no está pero aún se sigue escuchando de quienes lo conocieron, risueñas anécdotas, cuentos, experiencias, recuerdos de trabajo, de asados compartidos, de partidas de ajedrez, de un simple y cálido café. Fue tan simple que no hay descripción para eso, pero fue un excelente hijo, padre, abuelo y hermano, muy buen vecino y mejor amigo, excelente hombre de trabajo, comprometido en todo lo que emprendía. A tantos años de su muerte, lo tenemos presente en todo momento. En su honor rindamos el mejor homenaje a su memoria de la manera que él fue: simple y sencillo, comprometido y amigo de todos. Julio 2004
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